La Fuerza de la Esperanza en el Adviento

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La esperanza que sostiene 

La espera no es vacío: es esperanza que sostiene el corazón. 

En el corazón de María tenemos el más acabado ejemplo de lo que es estar totalmente orientado al cumplimiento de la voluntad divina. Ella, -nos decía el papa San Juan Pablo II- es modelo de la espera y madre de la Esperanza, pues nos enseña a evitar el fatalismo, así como la resignación pasiva; ella nos muestra que Dios viene hacia nosotros y eso nos permite contemplar el futuro y prepararnos a su encuentro, en oración y espera vigilante. Esto es el catolicismo, la certeza de que Cristo viene a nuestro encuentro, y solamente a partir del encuentro, que suscita la conversión, podemos vivir de acuerdo con lo que Dios nos pide. Sin el encuentro, confundimos nuestra religión con un conjunto de moralismos huecos, porque no tenemos el sustento que les da vida, porque Dios nos amó primero, nos amó desde el principio. 

San Pablo: “La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones.” (Rom 5,5) Es precisamente en el corazón, donde vamos a recibir a Cristo, porque ahí, su amor se ha derramado, es el terreno fértil, que solamente necesita ser preparado, aflojar la tierra, remover escombros, disponer el abono de las obras de misericordia y de esta forma, mientras caminamos al encuentro, ese terreno árido, que tal vez estaba abandonado, se irá convirtiendo en un bello jardín, en el que el encuentro se llevará a cabo. 

La Esperanza verdadera es confianza pura.

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Por eso decíamos hace unos días, que solamente cuando aceptamos nuestra situación de seres finitos, limitados, dependientes del creador, requerimos aceptar esta condición, subordinada a Dios, al Dios que tanto nos ama que se sacrificó por nosotros, que, sin dicha aceptación, nos perdemos, no somos capaces de una existencia verdaderamente libre, sino a partir del reconocimiento de esta realidad, cuya aceptación, lejos de limitarnos, ¡Nos lleva a la plenitud de nuestras capacidades!

El papa Francisco nos dejó escrito en su encíclica Dilexit nos.  «Algunos se preguntan si hoy tiene un significado válido, pero cuando nos asalta la tentación de navegar por la superficie, de vivir corriendo sin saber finalmente para qué, de convertirnos en consumistas insaciables y esclavizados por los engranajes de un mercado al cual no le interesa el sentido de nuestra existencia, necesitamos recuperar la importancia del corazón» 

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Y, por supuesto que tiene un significado válido, el mismo papa Francisco va un poco más a fondo: «Si bien, corazón nos lleva al centro íntimo de nuestra persona, también nos permite reconocernos en nuestra integridad y no solo en algún aspecto aislado. Esto inevitablemente nos lleva al amor del que es capaz ese corazón, ya que lo más íntimo de la realidad es amor»

 El miércoles nos recuerda que la espera del Adviento no es pasiva, sino sostenida por la esperanza que nace del amor de Dios. El mismo papa Francisco nos lo explica así: «El ser humano no es como una suma de distintas capacidades, sino un mundo anímico corpóreo, con un centro unificador que otorga a todo lo que vive la persona el trasfondo de un sentido y una orientación. Se trata de aquello que no es apariencia o mentira sino auténtico, real, enteramente propio» 

La esperanza como fuerza interior:  No es ilusión ni evasión, sino certeza de que Dios cumple sus promesas. En diversos puntos de su Carta a los Romanos, San Pablo nos comenta: «La Esperanza probada en la tribulación genera la paciencia que engendra virtud, y la virtud es semilla de la esperanza que no falla. Es la Esperanza hacia lo invisible, lo que aún no vemos pero que aguardamos con perseverancia. Es Dios que nos colma de gozo y paz hasta rebosar de esperanza.» 

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Esperanza compartida:  La espera se hace más ligera cuando se vive en comunidad. La esperanza se multiplica en gestos de confianza y solidaridad.  Este miércoles nos invita a sostenernos en la esperanza, que no es frágil ilusión, sino fuerza que nos mantiene en pie mientras aguardamos la venida del Señor. 

Que la esperanza confiada y alegre, sea la virtud que nos sostenga en el Adviento. 

Al terminar: Padre nuestro, Ave María y Gloria. 

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raulsalastorres

Ciudadano comprometido con México, nacido en 1955 en la Ciudad de México. Convencido de que una sociedad sólida, educada, formada en valores morales y cívicos es pilar fundamental para garantizar el desarrollo integral del país.

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