Imagen tomada de Canva.
Para todos los mexicanos, desde que se dieron las apariciones del Tepeyac a San Juan Diego, así como para millones de personas en todo el mundo, incluidos algunos Papas, como San Juan Pablo II, Benedicto XVI y el Papa Francisco, la Virgen de Guadalupe ha sido venerada, querida y reconocida como Madre de todos los mexicanos, así como Emperatriz de América, llamada oficialmente por la Iglesia. Su historia es fascinante y está llena de símbolos que nos inspiran a vivir en un México que busque la justicia, la paz, el bien y la verdad.
Todo comenzó en diciembre de 1531, 12 años después de la llegada de los españoles, al mando de Hernán Cortés. La evangelización del Nuevo Mundo estaba siendo muy complicada, pues no era fácil pretender cambiar las principales creencias de los habitantes, fue entonces cuando la Virgen María se apareció a un humilde indígena llamado Juan Diego en el cerro del Tepeyac, cerca de la Ciudad de México. Imagínate, en pleno invierno, la Virgen, después de varios diálogos con el humilde mensajero, diálogos llenos de cariño, ternura, amor y protección, le pidió a Juan Diego que hablara con el obispo para construir un templo en su honor, en donde quería que todos pudiéramos ir a visitarla, y poner a sus pies todos nuestros problemas, pues ella era nuestra piadosa madre, y ahí nos esperaba para consolarnos en su regazo, como verdadera madre.

El milagro del Tepeyac ha sido objeto de críticas, ha tenido detractores, personas y grupos que se empeñan en afirmar que no existe tal milagro, que la tilma fue traída por los españoles, o que fue pintada acá en la Nueva España, como se le llamaba entonces. Pero la verdad es que más allá del milagro del estampamiento de Santa María de Guadalupe en la tilma de Juan Diego, del cual estamos plenamente convencidos, más milagroso resulta el hecho de que después de 5 siglos de aquel acontecimiento, personas de todas partes de México y muchos lugares del mundo, se siguen dando cita el día 12 de diciembre de cada año, para una cita con la historia, con el presente, y el compromiso con el futuro, pues todos afirman que seguirán asistiendo cada año a esta amorosa visita, como lo han hecho sus ancestros y lo seguirán haciendo sus hijos.

La Virgen de Guadalupe es no solamente uno de los símbolos más claros y contundentes de la identidad de nuestro país, en el que la mayoría, por no decir la totalidad de sus habitantes, se declaran «Guadalupanos», aun cuando no formen parte de la Iglesia Católica. Pero eso no es de ahora, a lo largo de la Historia, la Virgen de Guadalupe ha estado al frente de los protagonistas de los sucesos más importantes desde su gestación como Nueva España, mal llamada Colonia, pues a diferencia de las colonias, que tuvieron Inglaterra, Holanda, Francia, entre otros, los españoles no dejaron miseria y destrucción en los lugares que ocuparon. España se trasplantó en América, vino a refundarse, lo prueban entre otras realidades tangibles, la cantidad de lugares que han sido considerados como Patrimonio de la Humanidad, sin ser bellezas naturales, a lo largo y ancho de Hispanoamérica. Trajeron cultura, idioma, religión, educación, salud, universidades, y templos, a todo lo largo de nuestra geografía, en el lugar más recóndito, en el que aun hoy no es fácil llegar, nos encontramos con templos, pequeños y grandes, pero todos ellos hermosos, y muchos de ellos todavía en servicio como templos católicos. Es impresionante todo el arte representado en pintura, escultura, arquitectura, música, que son el mejor testimonio de todo lo que España hizo por México. Si hubiesen venido con la intención de llevarse la riqueza nacional, no habrían dejado tanta riqueza y de tanta variedad como lo hicieron.
Esta imagen se ha convertido en un símbolo de fe y esperanza para millones de personas, en México, América y prácticamente en todo el mundo. La imagen de la Virgen de Guadalupe está llena de símbolos que tienen un profundo significado cultural y religioso. Solo por mencionar algunos, te comento que el manto azul-verde que lleva puesto es un color reservado para la realeza en la cultura indígena, simbolizando su estatus como Reina del Cielo. Las estrellas en su manto reflejan las constelaciones visibles en el cielo visto desde el espacio, en el hemisferio norte de la Tierra, Son solo algunos de los datos inexplicables, que no eran identificables con la tecnología de la época de la aparición, pero que al paso del tiempo y del estudio constante, se han venido descubriendo, más como constatación, innecesaria para quienes tenemos el don de la fe, pero como elementos que le van muy bien al mundo del cientificismo posmoderno, el cual a pesar de todo esto, sigue empeñado en su esfuerzo de deconstrucción de los valores y de la naturaleza humana misma tal como fue querida por Dios en la creación.
Esto es importante, porque estas partes del código que es la Virgen en la imagen, no podía ser entendida en ese momento por los pobladores, ni indígenas ni españoles, esa parte del mensaje, así como el descubrimiento en torno a que en sus ojos hay reacciones fotosensibles como las de un ojo vivo, y la imagen reflejada en su pupila, que nos muestra, gracias a la técnica moderna, los personajes a los que vio la Virgen en el momento del estampamiento, cuando Juan Diego presenta las flores al Obispo. La túnica rosa simboliza la tierra y la humanidad, con diseños florales que representan la vida y la fertilidad. El cinturón negro alrededor de su cintura es un símbolo de embarazo en la cultura indígena, indicando que la Virgen está esperando al Salvador. Y finalmente, la Virgen está de pie sobre una luna creciente, sostenida por un ángel, simbolizando la maternidad, la pureza y la protección divina.

Adicionalmente, en este tiempo del Adviento 2024, no está de más recordar el detalle de la Virgen de Guadalupe, de aparecer a la espera del Niño Jesús, con lo cual también ella se convierte en misionera, en plena acción Pastoral, llevando el mensaje de su Hijo, trayéndolo específicamente a México, una prueba más de que es madre de Dios, madre nuestra y madre de México, y Emperatriz de América. Esa es la raíza de nuestro país, de toda la parte Hispánica del Continente. Que no pretendan unirnos en torno a ninguna ideología ni a ningún color o secta, porque nacimos unidos, tenemos unidad de idioma, de cultura, de sangre y de religión, por lo que estamos llamados a un Destino Trascendente, más grande, mucho más grande que los pequeños intereses mezquinos de quienes se pelean por un instante en la Historia, por una fracción de segundo comparado con la Eternidad. Pero más allá de estos símbolos, y gracias a ellos, la Virgen de Guadalupe nos inspira a vivir en un México mejor, en donde no se promueva la polarización, en donde todos tengamos oportunidades para superarnos y para vivir en armonía, en donde se respete la vida, las libertades fundamentales, el derecho de los padres a educar a sus hijos, la libertad de conciencia, en donde se respete el estado de derecho y los contrapesos republicanos que garantizan el equilibrio entre los poderes y garantizan el derecho de los ciudadanos a vivir en paz y armonía, como fruto de la justicia y promesa del gran cumplimiento que habrá de venir, independientemente de que nuestras pequeñas voluntades se empeñen en ir en contra de la voluntad creadora de Aquel que ha permitido todo esto y que lo llevará por misteriosos caminos, al cumplimiento de su destino.
Su imagen, conocida como «Reina de México y Emperatriz de América», solemos completarla con la frase: Salva nuestra Patria y conserva nuestra fe, nos invita a buscar la reconciliación y la armonía en nuestras comunidades, pueblos, ciudades y en todo el país, promoviendo el diálogo y la comprensión mutua. Siguiendo su ejemplo de bondad y compasión, podemos trabajar para ayudar a los más necesitados y construir una mejor sociedad más solidaria y generosa.
En resumen, la Virgen de Guadalupe es un símbolo de identidad para los mexicanos, una fuente de inspiración y de esperanza, una garantía de que su consuelo y su amor, al igual que la imagen, permanecen para nosotros, sus hijos, que la amamos y sabemos que está siempre dispuesta a escucharnos. Esto nos da la certeza de que cuida de nosotros y de nuestra Patria, y de que su presencia nos recuerda que el amor de Dios es tan grande, que su hijo Jesucristo, se encarnó en ella y nos muestra el tamaño de su amor, pero también el compromiso que tenemos de ser fieles a ese amor, como Cristo es fiel en su amor por su Madre y por la Iglesia.

¡Viva México! ¡Viva Santa María de Guadalupe!
Imágenes tomadas de Pinterest.
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