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Y, ¿ahora qué?
Es la pregunta que nos deberíamos estar haciendo todos los mexicanos, independientemente de preferencia política, ocupación, sexo, nivel de estudios, o cualquier otro factor de identificación, o de polarización, a la que hemos sido sometidos como sociedad durante al menos, los últimos 25 años con la llegada de López Obrador al gobierno de la Ciudad de México.
Una vez que ha pasado la sorpresa, el desconcierto social y mediático por la demanda judicial del gobierno americano contra un primer grupo de narco políticos que alcanzan ya al círculo más alto del grupo en el poder, la gran pregunta debería ser: Y ¿ahora qué?
Y esto por una razón muy simple, porque mientras el mafioso grupo Palenque busca desesperadamente ganar algo de tiempo para medio organizar algún remedo de respuesta a las tajantes demandas del vecino del norte, éste continúa haciendo acopio de datos, de testigos de todos tipos, colores y sabores, y lo más seguro es que no tarden en aparecer nuevas solicitudes, que irán cerrando el cerco en torno a la cúpula en el poder, pero con detrimento de los intereses de todos los mexicanos.
Aquí es donde cobra importancia nuestra capacidad de reconciliación social, no para salir a defender a este grupo de criminales que han colocado a nuestro país en la tesitura tan complicada como la que ya asoma, pero de la que no tenemos todavía plena claridad de hasta donde pueda llegar.
En estos momentos la especulación de lo que pueda pasar, ya resulta irrelevante, puesto que, habiendo explotado la primera gran detonación en contra del gobernador Rocha y su círculo, las otras vendrán. Por ello, la principal preocupación de la sociedad mexicana es la reconciliación nacional, no en torno a pros y/o contras de lo que les suceda a los responsables de esta lamentable situación.
Ahora lo que viene es tomar consciencia de que somos los ciudadanos, los que venimos a bordo de esta nave que ya no solamente flota a la deriva, sino que ahora además de todo el daño estructural que ya tiene, sin necesidad de volver a hacer recuento de todo lo que han demolido indolentemente estos pseudo gobernantes, el país no tiene estructura política, y está siendo bombardeado por la vía judicial del derecho internacional.
Los partidos están muy devaluados a ojos de nosotros los ciudadanos; el poder legislativo, artificiosamente sobre representado por el denostado internacionalmente grupo en el poder; un sistema judicial, incluyendo a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, orgullosa del nivel profesional de sus integrantes hasta que la kermes de pueblo con su respectiva tómbola la dinamitó desde los mismos cimientos; los organismos autónomos, electorales, de transparencia, de derechos humanos; todo, todo ha sido inclementemente destruido. Y hoy, que vamos a necesitar más que nunca de todos ellos, humean todavía, las cenizas que de ellos han quedado.
Esto, aunado a que la situación actual, no es una crisis temporal que se pueda remontar en el corto plazo, esta es la parte importante, pues aun con toda la destrucción que hemos visto, que hemos padecido, todavía se veía como posible un nuevo resurgir ciudadano, buscando una candidatura única por parte de todos los actores políticos que no están alineados con el régimen, para buscar, en forma unificada, contender en las próximas elecciones intermedias, con la esperanza de quebrar la mayoría ilegalmente apañada por los hoy internacionalmente denostados gobernantes de la Nación.
Hoy, la coyuntura ya no es de “quién va a concluir” el mandato que dejan los gobernantes que se irán señalando, situación que terminará con la poca capacidad de maniobra nacional por las vías que nuestro marco legal establece en los procesos electorales. Surgen preguntas en las redes sociales, “¿y si le retiran el registro a Morena?”, no tenemos ya un INE confiable. “¿Y si todo lo actuado a raíz de un proceso electoral que estuvo ya no influido, dirigido y controlado por el narco, se declara nulo?”, no tenemos un poder judicial con los conocimientos necesarios, además de que muchos de los nuevos integrantes quedarían también en el mismo supuesto de nulidad de origen.
Por lo tanto, ¿cuál es la expectativa? ¿Será que el gobierno americano aplique en México el esquema que ha implementado en Venezuela? Con un personero en el poder afín a sus intereses, para implementar, supuestamente un nuevo sistema, -ya por ahí suena algún nombre- y, en este escenario, nosotros como sociedad, ¿qué fuerza vamos a tener para que nuestra voz sea escuchada en relación con el tipo de país al que aspiramos?, ¿qué consenso podemos lograr si no somos capaces de llegar a la reconciliación? Y la coyuntura no es pasajera, no es de fácil solución, es generacional, porque mucho de lo que se nos ha robado es precisamente la generación joven, a la que se le ha comprado con dádivas, el peor veneno para matar la capacidad y el ansia de superación y emprendimiento, y, en su caso, ¿cuál va a ser la formación académica y cívica con la que hacer frente a la competencia internacional que en muchos otros países se prepara arduamente?, si también el sistema educativo no sirve más que para fabricar ignorantes dependientes y sumisos, sin afán de denostar a nuestros niños y jóvenes, pero sí poniendo claridad a lo que han venido haciendo con tantos de ellos mediante las dádivas a cambio de ningún tipo de compromiso, ni formación académica en sentido estricto, lo que de suyo ya es deformante, perversamente deformante.
¿Y las cadenas productivas?, rotas o diezmadas por la corrupción, la extorsión, la falta de infraestructura, de energía eléctrica suficiente, estable y a precios competitivos, el desabasto de medicamentos y la generación perdida por la cantidad de muertes, sea por la pandemia, el secuestro, los campos de exterminio, los feminicidios, las madres buscadoras y un largo etcétera.
Por todo ello, es momento de la paz, de la reconciliación, no se trata de que todos pensemos igual, ni de que nos “arrojemos” al abismo con la Bandera Nacional ceñida a nuestros cuerpos. No, necesitamos la unidad, primero en torno a la consciencia clara de que ante todo somos mexicanos, de que hemos sido agraviados, porque los daños a nuestro país, no pueden remediarse con apoyos económicos a mano extendida, necesitamos unión y claridad, porque sin ellos, sea lo que sea que venga como nueva realidad, independientemente de las especulaciones que se puedan hacer desde distintas voces, mientras no tengamos respuesta a la demanda de unidad, que nos convoca el futuro de nuestras siguientes generaciones, a quienes tendremos que darles cuentas de lo que hicimos por ellas, por todo esto, la pregunta ¿Ahora qué? Solo acepta como premisa fundamental la verdadera unidad nacional, porque los nefastos acontecimientos que llenan de nubarrones el panorama nacional, de todos modos, ya vienen en camino.
Solo en este contexto tiene sentido la frase de nuestro Himno Nacional:
“Más si osare, un extraño enemigo
Profanar con su planta tu suelo,
Piensa ¡Oh! Patria querida que el cielo
Un soldado en cada hijo te dio”.


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