¿Seréis como dioses?

Parece que el trágico acontecimiento del asesinato de los saceredotes Jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora, y de Pedro Palma, guía de turistas en la Tarahumara, hubiera sido apenas hace unos días, sin embargo han pasado ya casi seis semanas, desde el trágico 20 de junio, y casi un mes de la campaña de oración que lanzara el día 4 de julio el conjunto de la Iglesia Mexicana por medio de la Conferencia Episcopal Mexicana, la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos de México y la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús, llamando a todos los habitantes de nuestra Nación, católicos o simplemente personas de buena voluntad mediante el documento: “Tejer en Cristo nuevas relaciones: De la fragmentación a la unidad” a sumarse al ejercicio de oración nacional que con diversos fines e intenciones específicas a lo largo de este mes, ha puesto en oración a nuestro país como hace tiempo no se veía. En todos los templos católicos, los sacerdotes han hecho eco del llamado de nuestra Santa Madre y el pueblo ha respondido al llamado que inicia con estas palabras:

Oremos juntos por la justicia y la reconciliación para la paz”

Los asesinatos y desapariciones que diariamente se comenten en el país son un llamado de Dios a unirnos para pedir por la paz. La sangre derramada de estos hemanos y hermanas es la sangre de Jesús que cae a la tiera para hacerla fértil y emprender un camino por la paz.

Son cuatro las acciones que les pedimos:

1.- En todas las misas a celebrarse el próximo 10 de julio hacer memoria de todos los sacerdotes, religiosos y religiosas que han sido asesinados en el país…

2.- Este mes de julio les pedimos celebrar misas o relizar oraciones comunitarias en lugares significativos que representen a todas las personas que han desaparecido o sufrido una muerte violenta…Hacer memoria de la muerte y resurrección de Jesús, en estos lugares, transformará el miedo en fuerza para construir la paz.

3.- Como signo profético de nuestra Iglesia, las eucaristías de este 31 de julio pidamos por los victimarios, oremos por sus vidas y la conversión de sus corazones… No más violencia en nuestro país.

4.- Cada Diócesis, Congregación Religiosa o Parroquia, definirá las acciones a emprender para abonar a este camino para la paz… Hoy necesitamos historias de esperanza… Les pedimos difundir sus acciones en las redes sociales.

…Queremos abrir horizontes de diálogo para construir la paz. Estamos delante de un problema complejo que necesita de todos y todas para atenderlo desde la raíz y así dejar que el Cristo Resucitado haga surgir una nueva mirada que permita construir los acuerdos que hoy México necesita.

Nos encomendamos a la Virgen de Guadalupe, quien como siempre ha acompañado al pueblo de Dios en los momentos más difíciles de su historia. Ahí está la madre que nos regala un abrazo de paz y nos envía a ser peregrinos de la esperanza en la unidad”.

Es un llamado inédito, como inéditas son las condiciones en las que se produce, en medio de la más brutal ola de violencia que tiene ya un buen tiempo asolando a nuestro país, pero que encontró su culmen en el mencionado asesinato a sangre fría del guía de turistas y de los dos sacerdotes en el interior de la Iglesia de San Francisco Javier, región Cerocahui de la Tarahumara, Chihuahua. De acuerdo con el Centro Católico Multimedial, citado por Gaspar Vela el 22 de junio de este año, en los últimos 16 años han sido asesinados en México 50 sacerdotes, de éstos, 7 en la presente administración. El Padre Campos, Superior Jesuita de la Región, llevaba laborando en ella durante casi 50 años, mientras que su compañero, el Padre Mora llevaba 23 años de intenso trabajo en la zona, y, de acuerdo con declaracioes de Pedro Palma, hijo de Pedro, el guía asesinado, en la nota de Elena Reina del 22 de junio en “El País”, éste fundó una empresa de turismo, misma que daba sevicio a empresas de otros países, y con cuyas ganancias hacía obras de beneficio tanto de la Casa Hogar de niños en Chihuahua como en las escuelas tarahumaras de la sierra, hechos que tal vez nunca habrían sido noticia, de no ser por el componente trágico, que parece ser lo único que produce noticias que “venden”, o al menos parece ser la receta a la que la sociedad, merced a los medios está acostumbrada.

No se trata de hacer un recuento con fines morbosos ni sensacionalistas, más de 100,000 desaparecidos en el país, según la mencionada nota, se trata de convocar al despertar de las conciencias, no es posible que una sociedad se acostumbre a la muerte y muerte violenta como parte de la vida cotidiana, no, se trata de voltear la mirada a partir de esta gota que derrama el vaso, a todos los acontecimientos a los que nos hemos acostumbrado y que no se justifica ya por más tiempo, porque, no lo olvidemos, también por omisión se peca y se peca gravemente cuando es grave lo que se calla. No es, por tanto, insisto, por hacer un recueto frívolo, sino más bien para dejar de ver con frivolidad el fenómeno de la muerte violenta, así sea contra mujeres, contra migrantes, contra ancianos, contra los no nacidos, contra los enfermos a los que indolentemente se les ha privado de lo necesario para su recuperación, contra periodistas que opinan “diferente”, contra niños sometidos a trata de personas y comercio sexual, entre tantos otros.

Como sociedad, nos vemos en el propio espejo de lo que hacemos o de lo que toleramos, y cuando deja de gustarnos lo que vemos en el espejo, es porque hemos llegado demasiado lejos sin darnos cuenta y tal vez demasiado tarde, tarde como para lograr una reversión pronta y tersa de la situación.

¿Cuál es la alternativa entonces? La alternativa puede ser el camino de la Contrarrevolución Cultural, de hecho, estamos inmersos en una batalla cultural, tal como lo define Agustín Laje en el libro que, por cierto, lleva por título “La batalla cultural”, lo cual quiere decir que llega el momento en el que se está luchando en un cambio de época, tratando de dejar de ver las cosas como “eran antes”, para enfocar todo desde una nueva perspectiva, esta nueva forma es lo que se considera una «Nueva Culutra», más bien es una contracultura que se contrapone con la que por siglos nos ha venido configurando como sociedad, la que permitió que Europa surgiera como lo que hemos conocido hasta el momento, todavía como Europa, esta Europa que de acuerdo con lo que expone y demuestra Hilaire Belloc en su libro “Europa y la Fe”, se gestó primero del surgimiento de la Iglesia a la sombra del Imperio Romano, su permanencia y salvaguarda de la cultura Occidental Cristiana, así como su maduración y consolidación a lo largo de la llamada Época Oscura, en donde los antiguos centros de mando político y militar del Imperio, ya transformados en Señoríos más grandes unos que otros, pero fuertemente arraigados en la forma heredada, se ocuparon de la defensa de las antiguas fronteras del Imperio contra los ancestrales ataques de los bárbaros, y del nada bárbaro Islam, que estuvo a punto de cambiar la Historia, gestando al mismo tiempo el incipiente concepto de lo que serían las modernas naciones, mientras que la estructura Episcopal de la Iglesia, con mando central en Roma, conservó el Dogma, la Moral, la liturgia, la obediencia al Papa, el idioma Latín como oficial en toda la geografía en la que se encontraba, salvaguardó los valores, la cultura, el arte y desarrollaron en los monasterios muchos de los elementos que permitieron desarrollar la vida cotidiana como fue conocida durante siglos, hasta que el choque de la Reforma asestó el primer golpe a la unidad de la Iglesia, y la cuarteadura que provocó, se ha seguido extendiendo y profundizando llegando a lo que hoy estamos viviendo, le gran herejía del “Modernismo”, como la llamó y la condenó el Papa San Pío X el 8 de septiembre de 1907 en la “Encíclica Pascendi dominici gregis”, en la que el Pontífice habla del modernista filósofo, el creyente, el teólogo, el apologista, el historiador, el modernista crítico y sobre todo el reformador de la Iglesia.

Una batalla cultural, en la que se pretende una sociedad sin Dios, un dios pero sin Iglesia, una iglesia pero sin Jerarquía, en fin, se trata de socavar paulatina pero infatigablemente los cimientos y estructura que le ha dado certidumbre, estabilidad y permanencia a las naciones que surgieron de aquella simbiosis entre la Iglesia y el Imperio, en la que el aporte de lo mejor de ambos produjo el magnífico fruto de la Europa y el mundo Occidental Cristiano, que hoy pretende renunciar a su pasado, prestando oído a los designios del “Nuevo Orden Mundial”, con el nuevo engaño, darle la espalda a Dios, y ser señores de sí mismos, claro, al renunciar al Poder que desde lo alto nos ha sido dado, en palabras del mismo Jesucristo, quedamos sujetos a nuestra propia imperfección, convirtiendo todo en relativo, y vamos dando tumbos, sin autoridad, sin educación, sin identidad sobre nosotros mismos, sin respeto a la vida ni a la naturaleza, escuchando nuevamente, una y otra vez el antiguo engaño: “Seréis como Dioses”.

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